Todos nosotros vivimos en la ciudad

La ciudad forma -a menudo físicamente, pero inevitablemente psíquicamente- un circulo. Un juego. Un anillo de muerte con el sexo en el centro. Conduce hacia las afueras de los suburbios de la ciudad. En el limite descubre zonas de sofisticado vicio y aburrimiento, prostitucion de menores. Pero en el mugriento anillo que rodea inmediatamente a la zona comercial diurna existe la autentica vida multitudinaria de nuestro mundo, la única vida callejera, la vida nocturna. Especimenes enfermos en hoteles de dólar, pensiones baratas, bares, casas de galerías moribundas que nunca mueren, en calles y calles de cines abiertos toda la noche.

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